jueves, 17 de agosto de 2017

Armamento por miles de millones de dólares utilizado contra Siria.

AL MENOS 17 PAÍSES IMPLICADOS EN UNA RED DE TRÁFICO ILEGAL DE ARMAS.

Desde hace 7 años, armas por valor de varios miles de millones de dólares han sido utilizadas ilegalmente contra Siria, hecho que desmiente la versión de que la guerra contra la República Árabe Siria era una “revolución democrática”. Numerosos documentos demuestran que ese gigantesco tráfico de armas fue organizado por el general estadounidense David Petraeus, primeramente de manera pública, a través de la CIA y como director de esa agencia estadounidense. Pero luego lo hizo a título privado, desde la firma financiera KKR y con ayuda de altos funcionarios de Estados Unidos e internacionales, como el estadounidense Jeffrey Feltman, secretario general adjunto de la ONU. El “conflicto sirio”, que comenzó siendo una operación imperialista de Estados Unidos y Gran Bretaña, se convirtió así en una operación capitalista de carácter privado, mientras que el Estado Profundo cuestionaba en Washington la autoridad de la Casa Blanca. Nuevos elementos sacan ahora a la luz el papel secreto de Azerbaiyán en el desarrollo de la guerra contra Siria.

¿Cómo recibían los yihadistas de Alepo armamento de fabricación búlgara?

En el momento de la liberación de Alepo y la toma del estado mayor saudita que allí existía, la periodista búlgara Dilyana Gaytandzieva comprobó la presencia de armamento proveniente de su país en 9 arsenales abandonados por los yihadistas. La periodista anotó cuidadosamente los datos inscritos en las cajas que contenían ese armamento búlgaro y, ya de regreso en Bulgaria, se dio a la tarea de investigar cómo llegó ese armamento a suelo sirio.
Desde 2009, y exceptuando el breve periodo de tiempo que va de marzo de 2013 a noviembre de 2014, Bulgaria se halla bajo el gobierno de Boiko Borisov, personaje sui generis proveniente de una de las organizaciones criminales más importantes de Europa: la SIC (Security Insurance Company). No está de más recordar que Bulgaria es miembro de la OTAN y de la Unión Europea y que ninguna de esas dos organizaciones ha emitido nunca la menor crítica contra la llegada al poder en Bulgaria de un mafioso identificado como tal por las agencias policiales internacionales.
Es por tanto con peligro para su vida que la periodista búlgara Dilyana Gaytandzieva siguió la pista y que la redacción del periódico Trud publicó en Sofía su investigación [1]. Pero si Bulgaria ha sido uno de los principales proveedores de armamento a los grupos armados que operan contra el Estado sirio, también es cierto que ha contado para ello con la ayuda de Azerbaiyán.
El gigantesco tráfico de armas organizado por la CIA contra Afganistán, Irak, Libia, Siria y la India
Desde el inicio mismo de las primaveras árabes, la CIA y el Pentágono organizaron un gigantesco tráfico de armas, en violación de numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Todas las operaciones que mencionaremos aquí son ilegales a la luz del derecho internacional, incluyendo las que el Pentágono organizó públicamente.
En materia de tráfico de armas, incluso cuando se recurre a individuos o firmas privadas que sirven de pantalla, es imposible exportar equipamiento sensible sin contar con el consentimiento expreso de los gobiernos implicados.
Todo el armamento que mencionaremos en este artículo, exceptuando los sistemas de inteligencia electrónica, es de tipo soviético. Por definición, aunque se afirme que ejércitos dotados de armamento del tipo OTAN son los destinatarios finales de esos envíos de armas, eso es imposible. Esos ejércitos sólo están sirviendo de pantalla para disimular el tráfico de armas.
Ya se sabía que la CIA había recurrido a la SIC y a Boiko Borisov para garantizar urgentemente la fabricación de Captagón [2] destinado a los yihadistas presentes en Libia y, posteriormente, también para los que operan en Siria. Desde que se publicó la investigación de María Petkova en la Balkan Investigative Reporting Network (BIRN), también se sabía que entre 2011 y 2014 la CIA y el Special Operations Command del Pentágono (SOCom) habían comprado a Bulgaria armamento para los yihadistas por valor de 500 millones de dólares. Posteriormente, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos también pagaron más lotes de armas, de cuyo transporte se encargaron las compañías Saudi Arabian Cargo y Etihad Cargo [3].
Según Kresimir Zabec, del diario Jutarnji list, que se publica en Zagreb, a finales de 2012, Croacia enviaba a los yihadistas que operan contra Siria 230 toneladas de armamento, por un valor ascendente a 6,5 millones de dólares. El envío de ese armamento a Turquía se realizaba utilizando 3 aviones de carga Iliushin de la compañía Jordan International Air Cargo y posteriormente aviones del ejército de Qatar lanzaban las armas en paracaídas en zonas bajo control de los yihadistas [4]. Según Eric Schmitt, del New York Times, todo ese dispositivo fue concebido por el general estadounidense David Petraeus, director de la CIA [5].
En 2012, cuando el Hezbollah trató de descubrir el tráfico de armas organizado por la CIA y el SOCom, hubo un atentado contra un grupo de turistas israelíes en el aeropuerto de Burgas, centro neurálgico de dicho tráfico. En total contradicción con la investigación de la policía búlgara y con las conclusiones forenses, el gobierno de Boiko Borisov atribuyó el atentado al Hezbollah y la Unión Europea clasificó a la resistencia libanesa como «organización terrorista» (sic). Hubo que esperar a que Borisov se viera temporalmente fuera del poder para que el ministro búlgaro de Relaciones Exteriores Kristian Vigenin, subrayara que la acusación contra el Hezbollah carecía totalmente de bases concretas.
Según una fuente cercana al PKK turco (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), los servicios secretos de Turquía fletaron trenes especiales para hacer llegar a la ciudad siria de Raqqa, bajo control de lo que entonces se conocía como el Emirato Islámico en Irak y el Levante (EIIL) [6] lotes enteros de armamento fabricado en Ucrania y pagado por Arabia Saudita y más de 1 000 camionetas de doble cabina modelo Hilux, de la marca japonesa Toyota, especialmente adaptadas para soportar las duras condiciones del desierto. Según una fuente belga, quien negoció la compra de esos vehículos con la firma japonesa Toyota fue la empresa saudita Abdul Latif Jameel.
Según Andrei Fomin, de la Oriental Review, Qatar –deseoso de no quedarse atrás– compró para los yihadistas la versión más reciente del Air Missile Defense Complex Pechora-2D a la empresa estatal ucraniana UkrOboronProm. La entrega estuvo a cargo de la empresa chipriota Blessway Ltd [7].
Según Jeremy Binnie y Neil Gibson, de la revista especializada en armamento Jane’s, el US Navy Military Sealift Command (el mando de la marina de guerra de Estados Unidos a cargo del transporte marítimo) abrió en 2015 dos licitaciones para el transporte de armas desde el puerto rumano de Constanza hacia el puerto jordano de Aqaba. El contrato lo obtuvo la Transatlantic Lines [8] y su ejecución comenzó justo después de que Washington firmara el alto al fuego, el 12 de febrero de 2016, con lo cual Estados Unidos violaba su compromiso.
Según Pierre Balanian, de Asia News, ese dispositivo se mantuvo en marzo de 2017, con la apertura de la línea marítima regular de la compañía estadounidense Liberty Global Logistics entre los puertos de Livorno (Italia), Aqaba (Jordania) y Yeda (Arabia Saudita) [9]. El geógrafo italiano Manlio Dinucci señala que esa línea marítima estaba destinada principalmente al envío de blindados a los yihadistas que operan en Siria y en Yemen [10].
Según los periodistas turcos Yoruk Isik y Alper Beler, los últimos de la administración Obama se concretaron a través de la empresa Orbital ATK, que organizó, mediante Chemring y Danish H. Folmer & Co., una línea regular entre los puertos de Burgas (Bulgaria) y Yeda (Arabia Saudita). Y por primera vez se habla aquí no sólo de armamento fabricado por Vazovski Machine Building Factory (VMZ) (Bulgaria) sino también por Tatra Defense Industrial Ltd. (Chequia) [11].
Muchas otras operaciones de envío de armamento a los yihadistas se han realizado en secreto, como lo demuestran, por ejemplo, los casos del carguero Lutfallah II, capturado por la marina libanesa el 27 de abril de 2012, y del barco togolés Trader, interceptado por Grecia el 1º de marzo de 2016.
Esas operaciones representan en total cientos de toneladas de armamento y municiones, quizás incluso miles de toneladas, pagadas principalmente por las monarquías absolutistas del Golfo, supuestamente como respaldo a una «revolución democrática». En realidad, esas petrodictaduras intervinieron únicamente para que la administración Obama no tuviera que rendir cuentas al Congreso de Estados Unidos (Operación Timber Sycamore) y hacer pasar gato por liebre ante los parlamentarios [12]. Todo ese tráfico fue controlado personalmente por el general David Petraeus, primeramente desde su puesto de director de la CIA y más tarde desde la firma de inversiones financieras KKR. Petraeus se valió para ello de la ayuda de altos funcionarios, a veces bajo la presidencia de Barack Obama y después, de forma masiva, bajo la actual administración Trump.
El papel, hasta ahora secreto, de Azerbaiyán
Según Sibel Edmonds, ex funcionaria del FBI y fundadora de la National Security Whistleblowers Coalition, de 1997 al 2001, el Azerbaiyán del presidente Gaidar Aliev albergó en Bakú, a pedido de la CIA, al número 2 de al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri. A pesar de que aparecía oficialmente como buscado por el FBI, al-Zawahiri, que ya por entonces era el segundo jefe más importante de al-Qaeda, viajaba regularmente en aviones de la OTAN por Afganistán, Albania, Egipto y Turquía. También recibía frecuentes visitas del príncipe saudita Bandar ben Sultan [13].
A sus relaciones de seguridad con Washington y Riad, Azerbaiyán –país de población principalmente chiita– agrega el gobierno sunnita de Ankara, que lo respalda en su conflicto con Armenia sobre la secesión del Alto Karabaj.
A raíz del fallecimiento, en Estados Unidos, de Gaidar Aliev, en 2003, su hijo Ilham se hace cargo del poder. La Cámara de Comercio Estados Unidos-Azerbaiyán se convierte entonces en patio de Washington, que rodea al presidente Aliev de personajes como Richard Armitage, James Baker III, Zbigniew Brzeziński, Dick Cheney, Henry Kissinger, Richard Perle, Brent Scowcroft y John Sununu.
Según Dilyana Gaytandzhieva, en 2005, el ministro de Transportes, Ziya Mamadov, pone a disposición de la CIA la compañía estatal Silk Way Airlines, pagan Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Por su parte, el nada escrupuloso ministro de Relaciones Exteriores Elmar Mamadyarov, envía a varias de sus embajadas instrucciones para que presenten pedidos de aprobación para «vuelos diplomáticos» que, en virtud de la Convención de Viena, no pueden ser sometidos a ningún tipo de control de seguridad o aduanero. En menos de 3 años, más de 350 vuelos dispondrán de ese tipo de ese privilegio.
En virtud de los tratados internacionales, y al igual que los vuelos civiles, los vuelos diplomáticos no pueden transportar equipamiento militar y los pedidos de reconocimiento como «vuelos diplomáticos» incluyen relaciones muy completas de la carga que transportan. Sin embargo, a pedido del Departamento de Estado de Estados Unidos, países como Afganistán, Alemania, Arabia Saudita, Bulgaria, el Congo, los Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Israel, Pakistán, Polonia, Rumania, Serbia, Eslovaquia, Chequia, Turquía y el Reino Unido simplemente hicieron caso omiso de esta violación del derecho internacional, como anteriormente ya habían ignorado los vuelos secretos de la CIA entre sus cárceles secretas.
En menos de 3 años, Silk Way Airlines transportó así armamento por valor de al menos 1 000 millones de dólares.
Atando cabos, la periodista búlgara Dilyana Gaytandzieva puso al descubierto un extenso sistema que aprovisiona con armamento y municiones a los yihadistas, no sólo en Irak y en Siria sino también en Afganistán, Pakistán y el Congo, todo pagado siempre por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Algunas armas entregadas en Arabia Saudita fueron reenviadas a Sudáfrica.
Las armas entregado en Afganistán llegaron a manos de los talibanes, quienes actúan bajo control de Estados Unidos, país que dice luchar contra ellos. El armamento entregado en Pakistán estaba probablemente destinado a la realización de atentados islamistas en la India. No se sabe quiénes son los destinatarios finales de las armas entregadas en el Congo a la Guardia Republicana del presidente Sassou N’Guesso y a la Sudáfrica del presidente Jacob Zuma.
Los principales negociantes eran las firmas estadounidenses Chemring y Orbital ATK, ya mencionadas, así como las igualmente estadounidenses Culmen International y Purple Shovel.
Además del armamento de tipo soviético fabricado en Bulgaria, Azerbaiyán compró, bajo la responsabilidad de su ministro de la Industria de Defensa, Yavar Jamalov, varios alijos de armas en Serbia, Chequia y en otros países, declarando siempre ser el destinatario final de las compras. En cuanto al equipamiento de inteligencia electrónica, Israel puso a disposición de la red la firma Elbit Systems para que apareciera como destinatario final ya que Azerbaiyán no está autorizado a comprar ese tipo de equipos. Esas excepciones demuestran que el programa de Azerbaiyán, utilizado por Estados Unidos y Arabia Saudita, se hallaba totalmente bajo control de Tel Aviv.
El Estado hebreo, que dice haber observado una estricta neutralidad durante todo el conflicto sirio, en realidad ha bombardeado en repetidas ocasiones al Ejército Árabe Sirio. Cada vez que Tel Aviv ha reconocido la realización de ese tipo de acciones, lo ha hecho afirmando haber destruido armamento destinado al Hezbollah libanés. La realidad es que todas esas operaciones, quizás con excepción de una sola, se realizaron en coordinación con los yihadistas. Y hoy sabemos que Tel Aviv supervisaba además las entregas de armas a esos mismos yihadistas, o sea que si bien Israel se limitó a utilizar su fuerza aérea para apoyarlos, en realidad estaba desempeñando un papel central en la guerra contra Siria.
Según las convenciones internacionales, la falsificación de los certificados de entrega final y el envío de armas a grupos mercenarios para que derroquen gobiernos legítimos o destruyan Estados reconocidos son crímenes internacionales.
Thierry Meissan
Intelectual francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace
Notas
[1] “350 diplomatic flights carry weapons for terrorists”, por Dilyana Gaytandzieva, Trud, 2 de julio de 2017.
[2] «De cómo Bulgaria abastece en drogas y armas a al-Qaeda y el Emirato Islámico», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 4 de enero de 2016.
[3] “War Gains: Bulgarian Arms Add Fuel to Middle East Conflicts”, María Petkova, Balkan Investigative Reporting Network, 21 de diciembre de 2015.
[5] “In Shift, Saudis Are Said to Arm Rebels in Syria” and “Airlift To Rebels In Syria Expands With C.I.A.’S Help”, C. J. Chivers y Eric Schmitt, The New York Times, 26 de febrero y 25 de marzo de 2013.
[6] También designado en Occidente bajo la denominación Estado Islámico en Irak y Siria o las siglas en inglés ISIL o ISIS, y actualmente conocido sobre todo como Daesh, acrónimo árabe peyorativo. Nota de la Red Voltaire.
[7] “Qatar and Ukraine come to deliver Pechora-2D to ISIS”, por Andrei Fomin, Oriental Review (Rusia), Voltaire Network, 22 de noviembre de 2015.
[8] “US arms shipment to Syrian rebels detailed”, Jeremy Binnie y Neil Gibson, Jane’s, 7 de abril de 2016.
[9] “Jordan strengthens military presence on border with Syria and Iraq”, Pierre Balanian, AsiaNews, 11 de abril de 2017.
[10] «Desde Camp Darby, armas estadounidenses para la guerra contra Siria y Yemen», por Manlio Dinucci, Il Manifesto(Italia), Red Voltaire, 18 de abril de 2017.
[12] “U.S. Relies Heavily on Saudi Money to Support Syrian Rebels”, Mark Mazzetti y Matt Apuzzojan, The New York Times, 23 de enero de 2016.
[13] Classified Woman. The Sibel Edmonds Story: A Memoir y The Lone Gladio, de Sibel Edmonds.

Publicado originalmente en: Red Voltaire

domingo, 30 de julio de 2017

Timber Sycamore: la CIA desató la guerra contra Siria.

[traducción íntegra del artículo del New York Times que reveló los planes de la CIA contra el pueblo de Siria]


Cuando en 2013 el presidente Obama autorizó a la CIA secretamente para armar a los aguerridos rebeldes, la agencia de espionaje supo que tendría un socio seguro que ayudaría a pagar la operación encubierta. Era el mismo socio en el que la CIA había encontrado apoyo durante décadas en cuestiones monetarias y de discreción en sus conflictos lejanos: el Reino de Arabia saudí.

Desde entonces, la CIA y sus amigos saudíes han mantenido un acuerdo poco habitual para la misión de entrenar a los rebeldes, operación que los norteamericanos han bautizado con el nombre en clave de Timber Sycamore [Madera de Platanero]. En ese acuerdo, según indicaron funcionarios de la actual y de la anterior administración, los saudíes contribuyen con armas y con amplias sumas de dinero, asumiendo la CIA la labor de entrenar a los rebeldes en el uso de los rifles de asalto AK-47 y misiles antitanque.

El apoyo a los rebeldes sirios es solamente el último capítulo de la larga relación entre los servicios de espionaje de Arabia saudí y Estados Unidos, alianza fortalecida durante el escándalo Irán-contra, el apoyo a los muyaidines contra los rusos en Afganistán, y las luchas en África por medio de fuerzas interpuestas. A veces, como en Siria, los dos países han trabajado de forma conjunta. En otras, Arabia saudí se ha limitado a extender cheques para financiar las actividades encubiertas norteamericanas.

El programa conjunto de armamento y adiestramiento, al que otros Estados de Oriente Medio contribuyen con dinero, sigue adelante, en tanto que las relaciones con Arabia saudí (y el papel del reino en la zona) son fluidas. Los antiguos lazos de petróleo barato y de tipo geopolítico que han unido a los dos países se han debilitado, a medida que la dependencia de Estados Unidos del petróleo extranjero declina, y el gobierno de Obama se desliza hacia un acuerdo diplomático con Irán.

Pero la alianza persiste, aupada en un mar de dinero saudí y en la existencia de intereses recíprocos. Además de las vastas reservas petrolíferas de Arabia saudí y su papel como referencia espiritual del mundo suní, la larga relación entre los servicios de inteligencia ayuda a explicar por qué Estados Unidos se han mostrado reacios a criticar abiertamente las violaciones de derechos humanos, su trato a las mujeres y su apoyo a la vertiente extremista del Islam, la wahabita, inspiradora de muchos de los auténticos grupos terroristas con los que lucha Estados Unidos. La administración Obama no condenó de forma pública la decapitación este mes de un clérigo chiíta disidente, Sheikh Nimr al-Nimr, que había desafiado a la familia real.

Pese a que los saudíes han hecho pública su ayuda armando a los grupos rebeldes en Siria, el alcance de su asociación con la campaña encubierta de la CIA y su apoyo financiero no se ha hecho público. Los detalles fueron extrayéndose de las entrevistas a una media docena de actuales y antiguos funcionarios estadounidenses, y de fuentes de bastantes países del Golfo Pérsico. La mayoría habló de forma anónima, porque no estaban autorizados a discutir sobre el programa.

Desde el momento en que comenzó la operación de la CIA, contó con el dinero saudí. “Comprenden que tienen que tenernos, y nosotros sabemos que les tenemos que tener”, dijo Mike Rogers, antiguo congresista republicano de Michigan que fue secretario del House Intelligence Committee cuando comenzó la operación de la CIA. Rogers declinó discutir detalles del programa secreto.

Los funcionarios norteamericanos no han desvelado la suma de la contribución saudí, que es con diferencia mayor que la de cualquier otro país al programa de armamento de rebeldes contra el ejército del presidente Bashar al-Assad. Pero estiman que el coste total de armamento y entrenamiento asciende a bastantes miles de millones de dólares. La Casa Blanca ha recibido bien la cobertura financiera por parte de Arabia saudí (y de Qatar, Jordania y Turquía) en un momento en que Obama ha presionado a las naciones del golfo a protagonizar un papel mayor en la seguridad de la región. Tanto los portavoces de la CIA como de la embajada saudí declinaron hacer comentarios.

Cuando Obama aprobó el armamento de los rebeldes en la primavera de 2013, se debió en parte al intento de ganar control de la aparente situación de impunidad en la región. Los qataríes y los saudíes habían estado inyectando armas en Siria durante más de un año. Los qataríes incluso estaban introduciendo de contrabando cargamentos de lanzacohetes personales chinos FN-6 desde la frontera con Turquía. Los esfuerzos de los saudíes estaban dirigidos por el extravagante príncipe Bandar bin Sultan, en aquella época jefe de la inteligencia, quien compró miles de AK-47 y millones de municiones en Europa del este para los rebeldes sirios. LA CIA ayudó a organizar algunas de las compras de armas de los saudíes, incluyendo un gran contrato con Croacia en 2012.

Hacia el verano de 2012 existía una sensación de “barra libre” a lo largo de la frontera entre Turquía y Siria, mientras seguían las inyecciones de armas y dinero hacia los grupos rebeldes, incluso hacia algunos de los que los funcionarios norteamericanos sospechaban tener lazos con grupos radicales como Al Qaeda. Durante este período la CIA mantuvo un papel secundario, estando autorizada por la Casa Blanca bajo el programa de entrenamiento Timber Sycamore [Madera de Platanero] para entregar ayuda a los rebeldes excepto armas. A finales de 2012, según dos antiguos funcionarios estadounidenses, David H. Petraeus, a la sazón director de la CIA, aplicó un duro rapapolvos a los oficiales de inteligencia de bastantes países del Golfo, en un encuentro cerca del Mar Rojo en Jordania. Les reprendió por enviar armas a Siria sin previa coordinación con los funcionarios de la CIA en Jordania y Turquía.

Meses más tarde, Obama dio su aprobación a la CIA para dar inicio al armamento y entrenamiento de los rebeldes en una base en Jordania, modificando el programa Timber Sycamore [Madera de Platanero] para introducir ayuda letal. Bajo el nuevo acuerdo, la CIA se puso al frente del entrenamiento, mientras la inteligencia saudí, el Directorio General de Inteligencia, proporcionaba dinero y armas, incluyendo misiles antitanques TOW. Los qataríes también ayudaron financieramente, permitiendo el uso de una base en Qatar como centro complementario de entrenamiento. Pero, según los funcionarios norteamericanos, Arabia saudí era, con diferencia, el mayor contribuyente a la operación.

Mientras el gobierno de Obama consideraba esta coalición un asunto que se vendería excelentemente en el Congreso, algunos, incluyendo al senador Rin Wyden, un demócrata de Oregón, planteó objeciones al respecto, porque la CIA necesitaba el dinero saudí, según la versión de un antiguo funcionario.

Wyden declinó ser entrevistado, pero su oficina emitió una declaración exigiendo más transparencia. “Antiguos funcionarios han declarado públicamente que Estados Unidos está intentando estructurar las capacidades bélicas de la oposición contra Assad, pero no han proporcionado al público los detalles sobre cómo se está realizando esto, qué agencias oficiales están implicadas, o con qué socios extranjeros están trabajando estas agencias”, afirma el comunicado.

Cuando las relaciones entre los países involucrados pasan malos momentos, a menudo le toca a Estados Unidos negociar soluciones. Como anfitrión, Jordania espera pagos regulares de los saudíes y de los norteamericanos.

Cuando los saudíes pagan tarde, según un antiguo funcionario de inteligencia, los jordanos se quejan a los miembros de la CIA. Mientras que en anteriores misiones de la CIA, los saudíes han proporcionado financiación sin condiciones, no ocurre así con el dinero para Siria, según cuentan funcionarios antiguos y actuales. “Quieren un sitio en la mesa, y tener voz y voto respecto a cuales van a ser los planes de la mesa”, declaró Bruce Riedel, antiguo analista de la CIA y ahora socio de la Brookings Institution.

El programa de entrenamiento de la CIA está separado del programa de armamento de los rebeldes sirios, del que el Pentágono afirma su final. Ese programa se diseñó para entrenar a los rebeldes a combatir a los miembros del Califato Islámico en Siria, al contrario que el programa de la CIA, que se centra en los grupos rebeldes que combaten al ejército de Siria.

En tanto que la alianza en cuestiones de inteligencia es central en la lucha en Siria y ha sido importante en la guerra contra Al-Qaeda, una constante irritante en las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita es el nivel de apoyo de los ciudadanos saudíes a grupos terroristas, indican los analistas. “Cuanto más se incide en el argumento ‘les necesitamos como socio antiterrorista’ menos persuasivos se hacen”, comentó Williams McCants, antiguo consejero antiterrorista del Departamento de Estado y autor de un libro sobre el Califato Islámico. “Si esto es una conversación sobre cooperación antiterrorista, y los saudíes son parte principal del problema en la creación del terrorismo, ¿cómo puede resultar convincente un argumento como ese?” Es increíble la cantidad de gente que piensa que el moderno Islam no es el Islam, sino la estricta interpretación que Arabia saudí hace del Islam. Así que...

Pero... ¿por qué no? Así se hizo en Afganistán, en donde Estados Unidos financió, apoyó y entrenó a grupos terroristas como los muyaidines y los talibanes, junto a los saudíes... A corto plazo, la alianza sigue siendo sólida, reforzada por el lazo entre dos jefes del espionaje. El príncipe Mohamed bin Nayef, ministro de Interior saudí que recibió el encargo de armar a los rebeldes sirios del príncipe Bandar, conoció al director de la CIA John O. Brennan en la época en que éste era el jefe de la estación de la CIA en Riad, en los años 90. Antiguos colegas consideran que siguen estando cercanos, y el príncipe Mohamed ha ganado amigos en Washington con su agresividad en el desmantelamiento de grupos terroristas como Al-Qaeda en la Península Arábiga.

La función que Brennan desempeñó en Riad es, más que la del embajador, el auténtico núcleo del poder norteamericano en el reino. Antiguos diplomáticos recuerdan que las discusiones más importantes siempre se canalizaron a través del jefe de estación de la CIA. Los funcionarios de inteligencia dicen que este canal de comunicación tiene una ventaja. Los saudíes son mucho más receptivos a la crítica de los norteamericanos cuando ésta se hace en privado, y este canal secreto ha hecho más para manejar el comportamiento de los saudíes en pro de los intereses norteamericanos que cualquier crítica pública.

Las raíces de la relación son antiguas. A finales de los años 70, los saudíes organizaron lo que se conocía como el“Safari Club”, coalición de naciones que incluía a Marruecos, Egipto y Francia, que realizaban operaciones encubiertas en África en un tiempo en que el Congreso había recortado las alas de la CIA tras años de abusos. “De esta manera, con esos países, el reino ayudó de alguna manera a mantener el mundo seguro en una época en que Estados Unidos no podía hacerlo”, recordaba el príncipe Turki al-Faisal, antiguo dirigente de la inteligencia saudí en una charla en la Universidad de Georgetown en 2002.

En los ochenta los saudíes ayudaron a financiar las operaciones de la CIA en Angola, en donde Estados Unidos respaldaban a los rebeldes contra el gobierno, apoyado por Rusia [Unión Soviética]. Aunque los saudíes eran fervorosamente anticomunistas, el principal incentivo de Riad parecía ser consolidar sus lazos con la CIA.

“Estaban comprando buena voluntad”, recuerda un antiguo funcionario de inteligencia que participó en la operación. Tal vez en lo que fue el episodio con más repercusiones, los saudíes ayudaron a armar a los rebeldes muyaidines para expulsar a Rusia de Afganistán. Estados Unidos comprometió centenares de millones de dólares cada año para la misión, y los saudíes lo igualaron, dólar a dólar. El dinero fluía a través de una cuenta en Suiza propiedad de la CIA. En el libro “Charlie Wilson’s War”, el periodista George Crile III relata que la CIA organizó una cuenta que no rindiera intereses, para mantener la prohibición islámica de la usura.

En 1984, cuando el gobierno de Reagan buscaba ayuda para su plan secreto de vender armas a Irán para financiar a los rebeldes de la contra en Nicaragua, Robert C. McFarlane, consejero nacional de seguridad, se entrevistó con el príncipe Bandar, en aquel tiempo embajador saudí en Washington. La Casa Blanca dejó claro que los saudíes “ganarían una cantidad considerable de consideración” mediante la cooperación, recordó más tarde McFarlane.

El príncipe Bandar prometió un millón de dólares mensuales para financiar a la contra, como reconocimiento del anterior apoyo de la Casa Blanca a los saudíes. Las contribuciones continuaron después de que el Congreso cortara esa financiación. Al final, los saudíes donaron 32 millones de dólares, pagados a través de una cuenta en las Islas Caimán.

Al surgir el escándalo Iran-contra y plantearse cuestiones en torno al papel de los saudíes, el reino mantuvo sus secretos. El príncipe Bandar rechazó cooperar con la investigación dirigida por Lawrence E.R. Walsh, el consejero independiente. En una misiva, el príncipe rechazó testificar, explicando que “los secretos y los compromisos de mi país, así como nuestra amistad, no son coyunturales, sino algo a largo plazo”.


Publicado originalmente en: Movimiento Político de Resistencia

lunes, 24 de julio de 2017

Después de Alepo liberada (I).


No es por capricho volver a Alepo para darle medida al momento actual en Siria. La liberación de la ciudad, a finales del año pasado ha sido el punto de partida del viraje que ha tomado la guerra transnacional contra Siria, y su impacto geopolítico. Pero también por cómo se puede narrar el movimiento interno de esa sociedad frente a la agresión.


a RS, por el movimiento interno que intenta describir esta nota
al equipo, por razones parecidas pero distintas
y a Mohammed Raffi, alias El Padrino, caído el 26 de noviembre: el palestino más rudo de todo Alepo, según Leith Abú Fadel

Alepo, a casi ocho meses exactos en que se declarara el fin de las operaciones militares cuando fue liberada el 16 de diciembre de 2016, dejó de ser noticia o presunto motivo de preocupación "humanitaria" para el cartel infromativo occidental.
Con el dramático desplome de las defensas yijadistas en los distritos que controlaban al este de la ciudad, a finales de noviembre, también se vinieron abajo las aspiraciones geopolíticas que invadieron la ciudad en primer lugar (en 2012). No habrá "capital" yijadista que por esa vía pretenda reformar el mapa nacional sirio. 
Motivos sobran para que esto sea así, comenzando porque la liberación de Alepo ha sido el punto de inflexión en la guerra transnacional contra Siria, que este año ya cumplió seis años.
La ciudad más antigua del mundo, que fue invadida, vandalizada, plagada de carros bombas y francotiradores, dividida por años, herida en todo el centro de su memoria, comenzó a revertir el rumbo de una guerra de agresión con medio mundo en contra, dejando en evidencia, además, las grietas narrativas que por tanto tiempo se le quiso imprimir. Los hechos derrumban a los mitos y a sus autores.
No hubo operación de propaganda que se apuntalara desde los dispositivos "activistas" que luego no se proyectara al unísono en los grandes conglomerados de la mediocracia que no encontrara un límite en los mismos hechos, sobre el mismo terreno al que le querían secuestrar todo sentido, toda realidad que ahí se manifestara.
Civiles en la zona asediada salían a protestar contra la ocupación rebelde. Comenzaron a izar banderas de la República Árabe Siria. Se iban acumulando los testimonios directos de la gente de las distritos recién liberados: eran rehenes. Fueron escudos humanos. Vivían bajo una dictadura local que controlaba férreamente medicinas y alimentos.
  • La ONU, "humanitariamente" preocupada, hablaba de 250 mil (o más) civiles atrapados en el este. Pero para el 30 de noviembre, 18 mil habían cruzado hacia el oeste controlado por el gobierno solamente esa semana.
  • Un informe de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), fechado entre el 28 de diciembre de 2016 y el 4 de enero de 2017, reportaba que 120 mil 987 civiles habían cruzado de las zonas liberadas hacia el oeste. 75% de ellas se trasladaron a zonas controladas por el gobierno.
  • Denunciaron constantemente la destrucción de escuelas y hospitales producto de "bombardeos" del gobierno sirio o la fuerza aérea rusa, pero tanto hospitalescomo escuelas eran empleados como centros de comando y operaciones del terrorismo.
  • Denunciaron que la población en el este recibía constantes bombardeos con "barriles bombas" y armas químicas, pero conforme se liberaban los distritos orientales iban apareciendo los talleres donde se fabricaban bombas artesanales de ese tipo (bombonas de gas cargadas con altas cargas de explosivo y esquirlas metálicas de todo tipo) disparados aleatoriamente contra los distritos occidentales de la ciudad, e igual que químicas (con componentes traídos de Arabia Saudita). Incluyendo material preventivo contra agentes nerviosos, suministradas también por el reino de los Saud. El método de los "cañones infernales" (hell cannons), las bombonas artilladas, fue cortesía de la Brigada 16, patrocinada por el senador John McCain.
  • Denunciaron la precariedad y la "crisis humanitaria" que asolaba a Alepo, pero quienes acaparaban alimentos y medicamentos eran las mismas formaciones terroristas, toda vez que la ONU había suspendido su "ayuda", cuando el gobierno ya controlaba el 40% de la zona este. Las entregas de ayuda eran acaparadas en ambulancias, etc.
  • Las entidades yijadistas (orbitantes a Al-Qaeda, Turquía o Qatar) al retirarse dejaron bombas-trampas dentro de escuelas, y dentro de las escuelas, en los juguetes que ahí quedaban.
  • Los días en los que Francia, Inglaterra y Estados Unidos ejercían mayor presión en el Consejo de Seguridad de la ONU por acelerar las evacuaciones de las formaciones armadas, el 16 de diciembre, el representante de la República Árabe Siria, Bashar Jaafari, ante la ONU denunciaba que parte de la desesperación se debía a que los servicios de inteligencia sirios y rusos habían detectado la presencia de operadores extranjeros, militares y de inteligencia, de Estados Unidos, Israel, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Marruecos.
  • Era de "gran preocupación" para Occidente el peligro de una expedición punitiva o retaliatoria contra los "rebeldes moderados". El acuerdo en torno a las evacuaciones versaba que salían de Alepo los yijadistas mientras que eran evacuados de Fua y Kefarya, en la provincia de Idlib, parte de la población asediada. El proceso tuvo que interrumpirse puesto que varios de los autobuses que debían trasladar a la población fueron atacados y quemados. Al retirarse los milicianos de Al-Qaeda, el Ejército Sirio Libre, etc., de los reductos que quedaban al este de la ciudad, dejaron atrás los cadáveres de 100 soldados sirios prisioneros, ejecutados antes de la partida.
Luego de cuatro años de división, de un acoso constante contra civiles con lanzamientos indiscriminados de barriles, morteros y misiles contra los distritos occidentales siete veces más poblados; luego de una secuencia ininterrumpida de operaciones informativas inéditas y de gran calado.
Luego de un simulacro de cese al fuego solicitado por Estados Unidos que permitió la reorganización y dotación de los grupos armados ocupantes y de meses de lenta recuperación del territorio por parte del ejército sirio y sus aliados (Rusia, Hezbolá, distintas milicias), el 27 de noviembre, con la caída de las defensas en Hanano (el más grande y poblado de los distritos).
El desplome de la línea defensiva de los distintos paraguas organizativos que reunían a los "rebeldes moderados" que comprendían operadores de la OTAN, y terroristas, mercenarios y/o wahabitas, provenientes de más de 80 países (incluyendo europeos), territorio que no había sido pisado por el gobierno sirio se liberó en 10 días. Sólo de Al-Qaeda hacían presencia 10 mil militantes en Siria. 10 mil.
La maquinaria occidental, sus medios, narraban la especie de que no había solución en Alepo, el complejo industrial de ONGs, la ONU y los milicianos mediáticos alertaban sobre una hipertrofiada crisis humanitaria que borroneaba al igual de aquejado oeste, ocultaba el férreo control sobre la ayuda humanitaria que ingresaba al este, inflaba los números de civiles, de hospitales, de escuelas, magnificaba y deformaba el papel de las incursiones de la fuerza aérea siria y rusa, lanzando campañas publicitarias en las grandes capitales europeas exigiendo una zona de exclusión aérea, mientras alertaba el "castigo colectivo" que vendría inmediatamente después de expulsar a los terroristas.
La verdad, imposible de ocultar, fue lo contrario: la celebración en la calle era indiscutible y la Navidad se celebró, teniendo, tal vez, como símbolo, a la catedral de San Elías, semiderruida, donde se celebró la primera misa cristiana, ahí donde una vulgar caricatura de la sharia, la ley islámica, malvestía una dictadura aplastante.
Los hechos derrumban a los mitos artificiosos, hechos a base de gluten psíquico y estupidez de audiencia globalizada, y no sólo devuelven a sus autores su infobasura, sino que en una contrapartida casi redonda, demostraron que lo que callaban era el demoledor dato de que eran precisamente sus protegidos los que hacían lo que denunciaban contra el gobierno y el ejército sirio, y quienes lo apoyaban. Marcando una impronta que al día de hoy, por izquierda y por derecha, pretenden sostener de la nada. Porque son la nada.

Los otros paisajes después de la batalla

La escala del destrozo, de la expoliación sistemática de la capital industrial y comercial de la República Árabe Siria, además del intento culturicida de borrar el patrimonio de una de las ciudades más antiguas del mundo (que pudiera disputarse con Damasco), de por sí narran el proceso destructivo que son, efectivamente, la extensión voluntariamente devastadora de las nuevas guerras. Si así se le pueden llamar.
La combinación de intereses geopolíticos específicos, la urgencia de desmantelar la solidez de una nación, tuviera los problemas internos que pudiera tener antes de la guerra, la traslación semántica hacia el relato de la guerra civil y la estridencia de la cultura nihilista que se emplea en los ejércitos privados empleados para la tarea, tuvieron en Alepo toda la evidencia que pudiera hacer falta. Esa capacidad de empujar los límites de la destrucción en aras de "objetivos superiores" y apremios financieros, puesto que ese dinero ya fue invertido, y tenía que cobrarse.
Una crónica del periodista británico Patrick Hennignsen, fechada el 24 de abril de este año, da cuenta de la dimensión de la destrucción. Por el vecindario de Shaar, no había cuadra que no tuviera barricadas levantadas con vehículos calcinados y escombros. Y no había residente que no sostuviera que la devastación fue a raíz de una batalla que fue calle a calle, palmo a palmo, y no por los ataques aéreos sirios y rusos de mayor precisión.
Uno de los polos industriales más dinámicos y prósperos del suroeste de Asia, que iba desde la farmacéutica hasta la textilería, fue sostenidamente saqueada. Se tienen por más de mil 500 las fábricas que fueron destrozadas, convertidas en centros de operaciones o de tortura, saqueadas. Piezas, componentes y maquinaria robada y trasladada a Turquía. Desindustrialización forzada. 800 mil millones de dólares se calculan los destrozos (cifra del 24 de diciembre).
La masacre estrictamente industrial y manufacturera fue en paralelo con el culturicidio. Parte del registro histórico de Alepo ha desaparecido. La ciudad antigua fue incendiada, sitios patrimoniales de la Unesco, como el hotel Ritz Carlton, fueron reducidos a nada, luego de ser volada desde sus cimientos. La mezquita de los Omeyas severamente golpeada. 
Múltiples bazares (zokos) dejaron de existir. Igual destino padecieron el mercado del oro y el mercado de los jabones. La Ciudadela, el castillo-emblema de la ciudad, no corrió con el mismo destino por haber expulsado años antes a las entidades yijadistas. Fueron objetivos militares, y es imposible concebirlo como algo accidental. Fue planificado.
La red de servicios, agua, electricidad y gas, fue descalabrada.
Al momento de escribir este trabajo, las Fuerzas Tigre, la milicia élite comandada por el General Suheil al Hassan, en una sorprendente campaña de menos de tres meses, lograron sacar definitivamente al Estado Islámico del oriente de la provincia de Alepo. Pero no así las zonas rurales al occidente de la ciudad, desde donde todavía cada cierto tiempo cargas de mortero o misiles Grad caen, indiscriminadamente, sobre los distritos al occidente de la ciudad.

La reacción inmediata

Pero no menos espectacular ha sido el voluntarioso relato de la recuperación. Otro acto que de suyo recuerda que Alepo, en 2012, no fue "liberada" por la "revolución" encargada de traer los democráticos valores liberales que hacen la maravilla de la tiranía del bien de Europa y Estados Unidos.
Un mes después de rendir, eliminar o expulsar a los grupos invasores, el 27 de diciembre, habitantes de sectores como Hanano comenzaron a regresar. El 28 comenzaron las tareas de desminados, encabezados por los zapadores rusos. Para el 22 de enero habían sido desactivadas 25 mil minas. 25 mil.
El 6 de enero se pudo celebrar la Navidad de los armenios ortodoxos. Para el 11 de enero la gente emprendió con la limpieza de la ciudad antigua. Un registro del 16, da noticia del esfuerzo extendido de limpieza y reconstrucción a lo largo de la ciudad. El mercado callejero, luego de dos años, se reactivó en la misma fecha.
El 22 de enero aterriza el primer vuelo en el aeropuerto internacional. El 25 es el turno del tren de la línea Alepo-Baghdad. Incluso AFP, el 26, tuvo que publicar una nota describiendo el retorno a la vida del este de la ciudad. El 28, después de cuatro años, se juega el primer partido de fútbol de la liga siria. La policía militar rusa refuerza la seguridad. El 1 de febrero se reactiva la planta de gas de Ramuseh.
El 14 de marzo regresaba el agua del Éufrates a la estación de bombeo de Suleiman Al Jalabi. El 1 de abril reabre al público, luego de casi un lustro, la Ciudadela. El 10 de abril avanza la restauración de la ciudad vieja, el 11 reparaciones de la carretera. El 18 de mayo la reparación sostenida de los servicios básicos. El 21 de junio se retoma la tradición del Carnaval en la misma Ciudadela, acto que marca el final de los exámenes de secundaria.
Y este pequeño mosaico apenas describe, en cada una de sus partículas y fechas, la voluntad de reconstrucción que va más allá de cualquier contrato (que también se han firmado) o gesto oficial: marca un movimiento profundo, un acto de voluntad y de contraofensiva revirtiendo los destrozos de la guerra. Algo que, también, expresa otro reflejo dramático.
Un movimiento que habla del cuerpo sociopolítico de una nación que quisieron reducirla y humillarla a la nada. A la cómoda nada de la distancia de las capitales europeas y gringas.

El otro movimiento: reconciliación, Astaná y la repolitización de la guerra

Antes de que la "primavera" fatal iniciara en 2011, Siria padecía, como cualquier nación dentro de cierto grado de normalidad, luego de padecer una sequía de años (2009-2011), producto no sólo de los asuntos climáticos sino de los grandes proyectos de irrigación y represas al norte en la vecina Turquía que produjo la migración de población rural a las ciudades, más algunas reformas económicas de corte neoliberal (que no lograron ser lo suficientemente satisfactorias para Estados Unidos y la Unión Europea) que también tuvieron su impacto.
Y, también, de un sistema de gobierno que poco había cambiado en mucho tiempo, lo que otorgaba también un motivo "perfecto", el caldo de cultivo ofrecía condiciones para ser alterado. Desde 2006, amén de que en nada se modificaba la realineación geopolítica siria con Irán (y Hezbolá), desde Estados Unidos comenzó a financiarse una "oposición desde el exilio". Para ello, se planteó una suerte de rehabilitación funcional de los Hermanos Musulmanes sirios (que ya se alzaron, de forma sangrienta, en 1982, en Hama).
El plan fue cobrando forma conforme avanzaba el tiempo. Estados Unidos, en el proceso, detalla Moon of Alabama, se encargó de moldear la opinión del corretaje mediático y entrenar a operadores de periodismo ciudadano, a la par, Arabia Saudita se encargaba de la parte sucia, financiar la pata armada de la operación para llevarlo a su dimensión insurreccional. Calzó a la perfección dentro de esa operación geopolítica de gran calado llamada "primavera árabe". Se empotró sobre ella.
Desde cierta distancia, sería fácil afirmar que se trataban de problemas que podían resolverse por vías estrictamente políticas. Pero afirmar tal noción sería ingenuo, dada la dimensión de los planes, muchas veces revisada de acuerdo al proyecto del think-tank PNAC, entre otros. Si acaso, cualquier necesidad de reforma obedecía a una coartada objetiva. La necesidad de destruir al Estado sirio era contundente.
Pero fuera de esto, tampoco es innegable ese dato como posibilidad. Mas así no fue la historia. Los orígenes siempre fueron violentos y retardatarios, siempre contaron con apoyo y cobertura extranjera, mientras se pergeñaba un "programa" de corte sectario, en un país de mayoría sunita pero que a su vez es un tejido prodigioso de confesiones religiosas y etnicidades.
Había que quebrar, con el activo del sectarismo, la unidad nacional a todo nivel. Es aterrador el modo en que fue escalando (y cómo, salvando el contexto interno, se parece en su primer momento a lo que ocurre en mi país hoy en día). El liberalismo de Occidente compró la idea de una "revolución". La falta de programa no era un problema de consumo. 
El shock de la operación, en un primer momento, logró dividendos, a pesar de que el presidente realizara reformas que siempre fueron reivindicaciones de la oposición sensata: cambios en la Constitución, derogación del decreto de emergencia y los tribunales militares, elecciones multipartidistas.
Las primeras protestas en Dara y una emboscada contra un convoy militar al norte, matando a nueve soldados e hiriendo a una veintena, en Banyas, ambas ciudades fronterizas, destacaba el carácter activo de las fronteras (el primero al sur, con Jordania, el segundo con Turquía, al norte) y lo que luego se revelaría como demasiadas manos extranjeras.
Luego de seis años de guerra, más de medio millón de muertos, una devastación infraestructural enorme, una demonización mediática sostenida, los objetivos fundamentales no se han alcanzado. Y, como se dijo con anterioridad, Alepo, como Stalingrado, insistimos, fue el punto de inflexión: la guerra ha sido volteada
En el ínterin, el cuerpo político y social cambió profundamente. Y esto es algo que no te dirá medio alguno. Aparte del trauma, de las heridas profundas que quedarán y tardarán en curarse, cuando se despeja la basura informativa, podemos darnos cuenta de que la población, fuera de si apoya al presidente Al Assad o no, el consenso sobre su liderazgo, y más allá, sobre la defensa de la nación. La cuestión nacional no es una abstracción.
Aún más: el principal motivo, de acuerdo a un documento interno realizado por la Comisión Social y Económica de la ONU, realza el papel de las sanciones como el principal motivo para que los desplazados de la guerra abandonen el país, más que la guerra misma (que en ese caso, la gran mayoría opta por las zonas controladas por el gobierno).
La BBC, basado en un reporte de la Comisión de Refugiados de la ONU, no le queda otra que destacar que medio millón de desplazados o gente que abandonó Siria por otro país ha regresado en este 2017.
Este reflejo también llega a su ejército (y las milicias y cuerpos paramilitares sirios orbitantes): ha alcanzado un grado superior de organización, una armonización entre sus fuerzas que pasó del desgajamiento de la primera hora y del sostenimiento de la línea de defensa a una suma de componentes altamente profesionalizados, con experiencia de guerra. 
"Forzó al gobierno en Damasco a crear la Fuerza de Defensa Nacional más 16 Brigadas de Fuerzas Especiales que atraviesan por año y medio de entrenamiento, capaces de usar todo tipo de armamento: equipados, también, con una ideología robusta y el entusiasmo de cara a ideológicos muy similares a Hezbolá. Esta fuerza será usada, sin duda, para reclamar los Altos de Golán ocupados por Israel", señala Elijah Magnier en un trabajo a propósito de la victoria de Alepo.
Pero algo obligatoriamente se mueve a mayor profundidad dentro de ese cuerpo nacional. La Musallaha, la política de reconciliación, es uno de los elementos claves. Cuenta, incluso, con un ministerio, llevado adelante por el Dr. Alí Haidar, del Partido Socialista Nacional Sirio, de la oposición patriótica. O de figuras de peso como la Madre Agnes Mariam, de la Iglesia Católica Oriental.
Esto se ha traducido en una política de desarme, reconciliación, reconocimiento de liderazgos locales frente al gobierno central. Generalmente lo llevan adelante, del lado del gobierno, dirigentes políticos y militares de la misma zona. Y en sus resultados suelen acordarse la pacificación de la zona y/o la evacuación de los grupos armados a otras zonas, como Idlib. 
Recientemente, el ejemplo más claro ha sido la pacificación de Al Waer, en la provincia de Homs. Luego de la pacificación/evacuación, parte de la población evacuada hacia la ciudad de Jarabulus, al norte de Alepo, controlado por Turquía, familiares y algunos ex combatientes decidieron regresar antes de incorporarse a las filias de los grupos pro-turcos.
El fenómeno de esta política (que viene haciéndose desde 2013) va un paso más allá. Tal como lo apunta en un excelente trabajo de principios de año la periodista libanesa Nour Samaha, esta serie de acuerdos, pactos y negociaciones han obligado a que el Estado sirio, antes verticalmente centralista, en la búsqueda de interlocución, a descentralizarse y apoyarse en lo local para alcanzar el cometido.
Para Samaha, es un elemento negativo el grado de improvisación con lo que esto se desarrolla, sin embargo, desde acá a la distancia, la necesidad de buscar patrones inherentes a cada situación más que a una política sistémica (todavía), realza esa misma voluntad política que en ese mismo quehacer sienta las bases para el pacto de la nación. Y los operadores extranjeros no forman parte de dicha ecuación política.
El último boletín del Centro para la Reconciliación del ministerio de la defensa ruso (entidad que monitorea el trabajo de la política de reconciliación), del 6 de mayo, registraba mil 479 acuerdos. Producto de lo ocurrido en Al Waer, y las nuevas zonas de des-escalamiento pactado recientemente entre Trump y Putin, esta cifra debe haber aumentado.
"No cabe duda de que la victoria de Alepo ha demostrado que el campo de batalla es el factor clave para hacer cambiar las posiciones políticas", decía la doctora Butheina Shaaban, la asesora mediática y política del presidente Al Assad, alertando también sobre la necesidad de que a la luz de estos acontecimientos y sus lecciones, es el pensamiento el que ahora tiene que antecederlo.
Pero mientras eso ocurra, y debe ocurrir, la liberación de Alepo fue el paso decisivo, primero por la fuerza de la victoria, luego por la urgencia, en otorgarle de nuevo el rango político a la guerra transnacional contra Siria.
Fue luego de esto que se crearon las rondas de conversaciones en Astaná, capital de la república centroasiática de Kazajistán, como una entidad política, liderizada por Irán, Rusia y Turquía, que se acoplaría a los acuerdos de Ginebra, sujetos a los vaivenes paquidérmicos de la ONU y el torpedeo de Estados Unidos, Israel, etc.
Negar estos avances sencillamente es ser idiota. A consciencia.
A pesar de tanto, a pesar de las complejidades vigentes, a pesar de los desafíos (como veremos en la segunda entrega), esto es lo que se ha desprendido después de Alepo liberada. En un mundo donde, como diría el poeta, "vivir es hacer daño", casi como una metódica generalizada, el mensaje contra la muerte de todo queda claro.
Ahora que en el país donde uno vive comienzan a manifestarse todos los ribetes artificiosos de otra operación nacionalicida con todas sus amenazas, en la lección histórica siria cada partícula cuenta. Si este artículo se arrogó la potestad de ser tan extenso, pido disculpas (aunque me tenga sin cuidado). Todo esto había que decirlo sin más demora. 

Publicado originalmente en: Misión Verdad